| El problema del "subsistit in" |
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| Sábado, 31 de Enero de 2009 14:25 |
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Página 1 de 2 Tomado de la Revista Antimodernista SI SI NO NO ANOTACIONES AL DOCUMENTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE RELATIVO A LA DOCTRINA SOBRE LA IGLESIA La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó, con fecha del 10 de julio del 2007, cinco "responsa" ("respuestas") a otras tantas preguntas concernientes a la doctrina sobre la Iglesia. Dicho documento, cuyos firmantes eran el prefecto, cardenal William Levada, y el secretario, monseñor Angelo Amato, se acompañaba de un comentario de la propia Congregación. Intentaremos aquà examinar el texto, pero sin dejarnos extraviar por las reacciones que suscitó, ya fueran de desilusión o de entusiasmo. Hechos e intenciones La Congregación responde en los siguientes términos a la pregunta de si el Vaticano II cambió la doctrina precedente sobre la Iglesia: «El concilio ecuménico Vaticano II ni quiso mudar tal doctrina, ni la cambió de hecho: sólo pretendió desarrollarla, profundizarla y exponerla con mayor amplitud. Eso mismo y no otra cosa fue lo que Juan XXIII afirmó con extrema claridad al empezar el concilio. Pablo VI lo corroboró, y asà se expresó en el acto de promulgación de la constitución Lumen gentium... Los obispos manifestaron idéntica intención una y otra vez, y quisieron ponerla por obra». No puede dejar de confortar la lectura de tal "intención" general de mantenerse en continuidad con la doctrina católica de siempre; con todo y eso, no parece que pueda afirmarse con tranquilidad que el concilio no mudó "de hecho" esta doctrina. Tampoco el documento de la Congregación para la doctrina de la Fe cuyo examen acometemos demuestra, por desgracia, tal continuidad; más aún, parece confirmar lo contrario a despecho de las buenas intenciones que se afirman en él, pues las demostración de una continuidad entre el magisterio de siempre y el Vaticano II requerirÃa un cotejo entre los textos provenientes de aquél y los aprobados por el concilio, pero basta y sobra, por el contrario con echar una mirada a los textos que se citan para comprender que cualquier cotejamiento brilla por su ausencia: de 20 citas, 15 están tomadas de los textos del concilio (tres de las cuales son alocuciones de Juan XXIII y de Pablo VI, y una concierne a las respuestas del Secretariado para la Unidad de los Cristianos a los "moda" de los obispos), y las restantes, de documentos recientes de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la encÃclica de Juan Pablo II Ut unum sint. ¡Ni un solo documento del magisterio anterior! Por consiguiente, esta manera de enfocar la cuestión deja sin resolver el problema de fondo, es decir, el de una demostración efectiva de la continuidad doctrinal entre el pasado y el presente. El problema del "subsistit in" sigue sin solución La segunda pregunta plantea el problema de la interpretación de la harto conocida afirmación conciliar según la cual la «Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica». El documento que examinamos no resuelve el problema. En efecto, dice lo siguiente en la respuesta: «Cristo "constituyó en la tierra" una sola Iglesia, y la instituyó como "comunidad visible y espiritual", la cual desde su origen hasta hoy nunca ha dejado de existir, ni dejará de hacerlo en el futuro a lo largo de la historia; más aún: es la única en la que se conservan y se conservarán todos los elementos que instituyó el propio Cristo. "Ésta es la única Iglesia de Cristo, que en el SÃmbolo confesamos una, santa, católica y apostólica (...). Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él (...)" [esta última cita es de Lumen gentium 8,2]». Ahora bien, tampoco un "ortodoxo" cismático tendrÃa reparo alguno en afirmar que la única Iglesia de Cristo es una, santa, católica y apostólica, según lo expresa el Credo. El problema estriba, pues, en que el texto de la respuesta no afirma explÃcitamente la identidad absoluta de la Iglesia católica y la Iglesia de Cristo, por lo que la Iglesia instituida por Nuestro Señor es exclusivamente la Iglesia católica, sino que, por el contrario, recurre nuevamente al uso del "subsistit in" de la Lumen gentium, como hemos visto, o bien, como vamos a ver, echa mano del "invenitur" [= se halla], un verbo usado en documentos anteriores de la Congregación para la Fe que se seguÃan uno a otro complementándose: «En la constitución dogmática Lumen gentium, la subsistencia es esta perenne continuidad histórica, asà como la permanencia en la Iglesia católica, en la que se halla concretamente la Iglesia de Cristo en esta tierra, de todos los elementos que instituyó Cristo». El texto da a entender que Cristo fundó, no la Iglesia católica, sino una "Iglesia" que resulta se halla realizada "concretamente", de manera plena, en la Iglesia católica, y sólo en parte en las demás iglesias. De ahà la idea de varios grados de comunión, una idea que se manifiesta mediante expresiones como "comunión plena", "plenamente en comunión", "identidad plena", etc. AsÃ, pues, se puede seguir dudando seria mente de que sean intercambiables las expresiones "subsistit in" y "est". Además, la duda la alimenta el hecho de que mientras de la afirmación tradicional de la perfecta identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica brotaba la no comunión de las comunidades acatólicas, de la nueva formulación, en cambio, se infieren consecuencias en conflicto con la eclesiologÃa católica, como se echa de ver asimismo en la respuesta que estamos analizando: «La Iglesia de Cristo está presente y obra, gracias a los elementos de verdad y santificación que hay en ellas, en las iglesias y comunidades eclesiales que aún no están en comunión plena con la Iglesia católica». Esta respuesta se corrobora en el comentario a los Responso, en el que se afirma que «el concilio eligió la palabra "subsistit" precisamente para aclarar que existe una sola "subsistencia" de la Iglesia verdadera, mientras que fuera de su trabazón vital sólo se dan "elementa Ecclesiae", que, al ser elementos de la misma Iglesia, tienden y conducen hacia la Iglesia católica». Hagamos notar que en el texto no se aclara, y aquà está el busilis, en qué sentido entender la presencia de estos elementos. En el n° 27 del estudio "Del ecumenismo a la apostasÃa silenciosa", que la Hermandad Sacerdotal San PÃo X publicó en el 2004, se habÃa puesto de relieve que «es equÃvoca la afirmación según la cual "numerosos elementos de verdad y santificación" se hallan fuera de la Iglesia, pues presupone la eficacia santificadora de los medios de salvación materialmente presentes en las comunidades separadas».
Ahora bien, tocante a tales medios materialmente presentes,
se recalcaba la distinción que media entre los sacramentos que no requieren una
disposición por parte del sujeto (como el bautismo de los niños), los cuales
tienen realmente un efecto salvÃfico, y los que, por el contrario, requieren
tal disposición. Y se añadÃa lo siguiente, citando la doctrina enseñada por el
concilio de Florencia: «"Ella [la Iglesia] profesa que la unidad de la
Iglesia como cuerpo tiene un poder tal, que sus sacramentos son útiles en vista
de la salvación sólo para quienes se hallan en ella". Pues bien, dichas
comunidades [las separadas] se oponen, en cuanto separadas, a este deseo
implÃcito que es indispensable para hacer fructÃferos los sacramentos. De ahÃ
que no se pueda decir sino en sentido material que tales comunidades poseen
elementos de verdad y santificación». Precisamente esta cuestión era la que
habÃa que examinar para saber si la afirmación de la presencia de los
"elementa Ecclesiae" es compatible con el dogma Extra Ecclesiam
nulla salus y con el dogma según el cual la Iglesia de Cristo no es otra
que la Iglesia católica. Dicho de otro modo: el punto clave estriba en conocer
si los acatólicos son objetivamente miembros de la Iglesia, es decir, si están
en comunión con ella o no. Cuando el concilio y el documento que nos ocupa
hablan de una equÃvoca "comunión no plena", ¿quieren decir con ello
que tal comunión es, en cualquier caso, objetivamente suficiente para la
salvación o bien no? ¿Qué piensa la Congregación para la Doctrina de la Fe del
siguiente texto de PÃo IX (encÃclica Amantissimus): «quien la abandona
[la cátedra de Pedro] no puede esperar seguir en la Iglesia. Quien gusta del
Cordero estando fuera de ella no tiene relación alguna con Dios!»? ¿O de este
otro más reciente (PÃo XII, Mystici Corporis): «(...) los que están separados
entre sà por la fe o por el gobierno no pueden vivir en este único Cuerpo [el
cuerpo mÃstico de Cristo] ni de este único EspÃritu [el EspÃritu divino] »? |
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