| La Revolución Litúrgica de Pablo VI |
|
|
| Sábado, 31 de Enero de 2009 14:28 |
|
Página 1 de 6 Tomado de la Revista Antimodernista SI SI NO NO [N. del E.: Este artÃculo, del mismo autor del estudio titulado 1962 - Revolución en la Iglesia, n° especial (180-183) de si si no no, viene a completar el citado número extraordinario en un punto que no habÃa desarrollado: la liturgia. Es, además, del máximo interés y actualidad en un momento en que es importante aclarar que el "Misal de Pablo VI" y el llamado "Misal de San PÃo V" se diferencian mucho más que en el nombre y que en una artificiosa distinción semántica que los quiere como "rito ordinario" y "rito extraordinario"...] El misal de 1969 -que es, en resumidas cuentas, el actual- es fruto de la acción ecuménica de Pablo VI en la ejecución de la reforma litúrgica. En efecto: la santa misa es el corazón de la Iglesia, el sostén de su misma vida sobrenatural. Las plegarias y los gestos que la Iglesia manda que cumpla el sacerdote, y en parte los fieles, poseen todos un significado preciso que remite directamente a la fe propia de la Iglesia, ya a la relativa a sus dogmas en general, ya a la que tiene por objeto, en particular, el valor del sacrificio expiatorio de la misa y el dogma de la presencia real y permanente de Cristo bajo las especies eucarÃsticas. De ahà que ni siquiera un Papa esté autorizado a realizar modificaciones que atenten contra la pureza y la claridad doctrinal de las oraciones oficiales de la Iglesia, con las cuales expresamos las verdades de nuestra fe. En cambio, las modificaciones que hizo introducir Pablo VI tienden casi todas a rebajar, ofuscar, embrollar y volver ambiguas dichas verdades, y ello con la mira puesta, sobre todo, en bailarle el agua al mundo protestante. Como primera etapa hacia la creación de una nueva "misa ecuménica", la constitución Sacrosanctum Concilium del concilio Vaticano II contenÃa ya en sÃ, según la conocida táctica neomodernista, los gérmenes de la revolución futura, la que verificó Pablo VI en 1969, los cuales consistÃan en unas pocas frases que pasaron entonces casi inadvertidas, porque parecÃa que las contrarrestaban otras opuestas de cuño totalmente tradicional, pero que, en realidad, desempeñaban la misma función que el clásico "espejuelo para cazar alondras". La Sacrosanctum Concilium, en efecto, mantenÃa aún intacto, aunque sólo en apariencia, el rito tradicional de la Iglesia, y no hablaba, al menos expresamente, de sustituir en el futuro el rito antiguo de la misa por otro nuevo. Pero ya en marzo de 1964, todavÃa en pleno desarrollo del concilio Vaticano II, Pablo VI se disponÃa a sacar personalmente «las conclusiones implÃcitas» (Schillebeeckx, o. p.) en la constitución conciliar sobre la liturgia. Instituyó una comisión expresamente para la ejecución de la reforma litúrgica: el Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, con el cardenal Giacomo Lercaro como presidente y el liturgista monseñor Annibale Bugnini -auténtica mente directriz- como secretario. Un procedimiento extraño y anómalo, no cabe duda, pero que le permitÃa a Pablo VI pasar por encima de la Sagrada Congregación de los Ritos, a la cual le habrÃa debido corresponder el cometido, como era lógico: la presidÃa el cardenal Larraona, a quien se reputaba por demasiado "tradicionalista" y, por ende, difÃcil de manejar con vistas a la delicada operación litúrgico-doctrinal de trasplante de corazón que debÃa practicársele a la santa Iglesia. En 1965, después de poco más o menos de un año de trabajo, monseñor Bugnini se arrancaba la máscara con estas palabras reveladoras de las verdaderas intenciones de los neomodernistas: «Se pensó que era necesario afrontar este trabajo [la reforma de las oraciones solemnes del Viernes Santo; n. de la r.J para que la oración de la Iglesia no fuera un motivo de malestar espiritual para nadie (...) A la Iglesia la guiaba el amor a las almas, asà como el deseo de hacer todo lo que estuviera en su mano para facilitar el camino de la unión a nuestros hermanos separados, en la remoción de toda piedra que pudiera entrañar para éstos aunque sólo fuera la sombra de un riesgo de tropiezo o de pesar». Estaba claro, a la vista de ello, que se seguirÃa operando con el mismo bisturà "ecuménico" en todo el resto de la "reforma". Ahora bien, lo que en la misa constituÃa motivo de "malestar espiritual" y entrañaba un "riesgo de tropiezo o de pesar" para los protestantes era ni más ni menos que las palabras y los gestos que expresaban las verdades dogmáticas que los mismos rechazaban (ante todo el sacerdocio que deriva del sacramento del orden, el valor propiciatorio y expiatorio del sacrificio de la misa y la presencia real y permanente de Nuestro Señor Jesucristo bajo las sagradas especies eucarÃsticas). De ahà que no fuera difÃcil comprender que la denominada "reforma" de Pablo VI se reducirÃa a una supresión, o al menos a una ambigua atenuación, de las partes de la misa incriminadas porque eran demasiado claramente católicas y, por ende, antiecuménicas; se reducirÃa, en último análisis, a una traición a la fe y a una lenta, pero progresiva, protestantización del clero y de los fieles católicos (pues se reza igual que se cree por lo que, tarde o temprano, se termina también por creer igual que se reza). |
Especial Temático Pro-Vida
- El preservativo no frena sÃfilis, herpes ni virus del papiloma humano
- Experto de Harvard dice que entre más preservativos hay más SIDA
- El poro del preservativo transmite el VIH entre 15% a 20% de las veces
- Obama se rodea de abortistas radicales
- Los lobbys abortistas y homosexuales engañan sistemáticamente
- IPPF presiona a favor de los "derechos sexuales"
- IPPF o la Industria y el Negocio del Aborto
- AmnistÃa Internacional y el aborto
Los más Vistos Formación Católica
Lo Destacado Formación Católica
Quién está en lÃnea
Tenemos 18 invitados conectado(s)![]() |
Santa Misa Dominical 07 de Marzo: |
|
Sermón de la Santa Misa | |
|---|---|
|
|
















