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Página 1 de 2 Revista Iesus Christus
Nro. 100 Jul.Ago 2005 (Unidad o Verdad)
En medio de esta confusión de ideas, en la que algunos cristianos parecen ahora complacerse, hay una tendencia particularmente perniciosa para la fe y tanto más peligrosa por cuanto se presenta con las apariencias de la caridad. La palabra ecumenismo, aparecida en 1927 en un congreso que se reunió en Lausanne, debería poner por sí misma en guardia a los católicos, teniendo en cuenta la definición que se da de dicha palabra en todos los diccionarios: "Ecumenismo: movimiento favorable a la reunión de todas las Iglesias cristianas en una sola". No es posible fundir principios contradictorios, eso es evidente; no se puede reunir la verdad y el error para hace de ellos una sola cosa. Esto sólo sería posible adoptando errores y rechazando parcial o totalmente la verdad. El ecumenismo se condena por sí mismo.
El término alcanzó tal difusión a partir del último Concilio, que penetró el lenguaje profano. Ahora se habla de ecumenismo universitario, de ecumenismo informático y de otros tipos de ecumenismo, para expresar una posición de diversidad, de eclecticismo.
En el lenguaje religioso; el ecumenismo se extendió últimamente a las religiones no cristianas, lo cual se tradujo inmediatamente en actos. Un diario del oeste de Francia nos indica mediante un ejemplo preciso el modo en que se realiza la evolución: en una pequeña parroquia de la región de Cherburgo, la población católica se preocupa por los trabajadores musulmanes que acaban de llegar a un obrador. Ésta es una actitud caritativa y no se puede dejar de felicitar a dichos católicos. En una segunda fase, vemos a los musulmanes pidiendo un local para celebrar el Rama-dán y a los cristianos ofreciéndoles el subsuelo de su iglesia. Luego comienza a funcionar en ese lugar una escuela coránica. Al cabo de dos años, los cristianos invitan a los musulmanes a celebrar la Navidad con ellos y mediante "una oración común preparada sobre la base de extractos de los suras del Corán y de los versículos del Evangelio". La caridad mal entendida condujo a esos cristianos a pactar con el error (...)
Hoy todas las religiones tienen derecho de ciudadanía en la Iglesia. Un cardenal francés celebraba un día la Misa en presencia de monjes tibetanos a los que había puesto en la primera fila, vestidos con sus hábitos de ceremonia y se inclinaba frente a ellos mientras un animador anunciaba: "Los bonzos participarán con nosotros en la celebración eucarística" (...) No terminaría nunca de citar ejemplos de sincretismo que se nos presentan todos los días (...)
El ecumenismo, en su acepción estrecha, es decir, reservado a los cristianos, organiza celebraciones eucarísticas comunes con los protestantes (...) ¿Qué conclusión puede sacar de todo esto el católico que ve a las autoridades eclesiásticas consintiendo en ceremonias tan escandalosas? La conclusión de que todas las religiones tienen su valor, de que uno podría muy bien buscar la salvación entre budistas o protestantes. Ese católico corre el riesgo de perder la fe en la Santa Iglesia. Y eso es lo que se les sugiere; se quiere someter a la Iglesia al derecho común, se la quiere colocar en el mismo plano que las otras religiones, se evita decir (hasta entre sacerdotes, seminaristas y profesores de seminario) que la Iglesia Católica es la única Iglesia, que ella sola posee la verdad, que ella sola es la única capaz de dar la salvación a los hombres por obra de Jesucristo. Ahora se dice abiertamente: "La Iglesia no es más que un fermento espiritual en la sociedad pero al igual que las demás religiones..., tal vez un poco más que las otras religiones..." En rigor de verdad se acepta, y no siempre, asignarle una ligera superioridad.
En ese caso la Iglesia sería tan solo útil, ya no sería necesaria. Constituiría uno de los medios de alcanzar la salvación.
Es menester decirlo claramente: semejante concepción se opone de manera radical al dogma mismo de la Iglesia Católica. La Iglesia es la única arca de salvación, no debemos tener miedo de afirmarlo. Muchas veces se habrá oído decir: "fuera de la Iglesia no hay salvación " y esto choca a las mentalidades contemporáneas. Es fácil hacer creer que este principio ya no está en vigor, que ha quedado superado. Parece un principio de severidad excesiva.
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