| Doctrina Católica sobre el Limbo |
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| Lunes, 17 de Septiembre de 2007 16:18 |
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Página 1 de 2 Por el R.P. Jerónimo Gervasi Como es sabido, de un tiempo a esta parte se ha puesto sobre el tapete de las discusiones teológicas la existencia del limbo de los niños. Esto, si se lo considera bien, no consiste en otro ejercicio que sacar de los textos conciliares que en esto, como ya se supo decir, son bombas de efecto retardado las consecuencias lógicas y necesarias. Lo más nos llama la atención en alguna que otra referencia hecha sobre este tema por medio de la prensa, es oír decir por parte de ciertos especialistas frases tales como "esta teoría está hoy en crisis", sugiriendo así que el limbo, en realidad, nunca ha dejado de ser un postulado de teología ficción; o bien, "los teólogos ahora piensan que", como si no hubiesen enseñanzas que forman parte del patrimonio teológico de la Iglesia, y que no pueden abandonarse sin, al mismo tiempo, negar otras verdades, muchas de ellas igual o aún más ciertas que el limbo mismo, y con ello, ponerlo todo en tela de juicio. Por eso es importante conocer claramente qué es lo que la Iglesia siempre, constantemente y en todas partes ha enseñado sobre esta materia, de modo que nadie sea ni sorprendido ni engañado prestando oídos a lo que ya San Pablo llamaba "profanas y vanas palabrerías, y argumentos de la falsamente llamada ciencia" (Timoteo, 6, 20). Presupuestos Dios elevó gratuitamente al hombre a un estado sobrenatural. Como tal, alcanzar ese estado está absolutamente fuera de las exigencias, posibilidades o alcances de la naturaleza humana. Sin embargo, Dios dio al hombre el medio para pasar de un estado al otro: la gracia santificante. Según el primer plan de Dios, el hombre debía transmitir a sus descendientes, en el mismo acto que comunica la vida, la vida natural y la vida sobrenatural: naturaleza humana y gracia santificante. Ahora bien, por el pecado original, no sólo la naturaleza del hombre quedó deformada su inteligencia, sujeta a error; su voluntad, proclive al mal; sus pasiones, desordenadas sino que perdió también los llamados dones preternaturales, la gracia santificante y la posibilidad le transmitirla, aunque la recuperase, a su descendencia por y en el acto generador. Así, pues, desde Abel en adelante, ningún hombre excepto la Santísima Virgen María es concebido en el seno materno con la gracia santificante. Realidad del Limbo |
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