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Robert Graham. Si el filósofo del pesimismo sistemático, Arthur Schopenhauer (1788 - 1861), planteaba claramente en el siglo XIX: “La especie humana está para siempre y por naturaleza condenada al sufrimiento y a la ruina… Si gustáis de planes utópicos, os diré que la única solución del problema político y social sería el despotismo de los sabios y de los justos, de una aristocracia pura y verdadera, obtenida mediante la generación por la unión de los hombres de sentimientos más generosos con las mujeres más inteligentes y agudas”, en el siglo XX, entre otros tantos contemporáneos, Robert Klark Graham (1907-1997), eugenista y hombres de negocios estadounidense que hiciera millones desarrollando las lentes plásticas inastillables, concibió un plan maestro: salvar a la humanidad usando el esperma de los genios. Robert Klark Graham creía que “seres humanos retrógrados” estaban reproduciéndose sin control y quería revertir esta tendencia produciendo miles de genios, originados por las mentes más deslumbrantes del planeta. Reconociendo que aunque los principios del proyecto no eran populares pero postulando que éstos si eran sensatos, hacia finales de la década de los años setenta, en un búnker subterráneo ubicado en un rancho cerca de San Diego, el millonario creó el banco de esperma: “Repository for Germinal Choice”, conocido como el banco de esperma de genios. Representando según él una forma de eugenismo positivo que aprovechaba las posibilidades de la genética, la meta era la mejora genética de la población humana mediante la concepción y crianza selectiva a partir de genios.
Frederick Osborn (1889 - 1981), estadounidense miembro del consejo consultor de la Sociedad Americana de Eugenesia, fundador junto con John D. Rockefeller del “Consejo sobre Población” que realiza campañas pro-aborto, promotor de la creación de centros de capacitación demográfica en la ONU y gestor después de la segunda guerra mundial de una substitución estratégica del eugenismo por el cripto-eugenismo, ya establecía que, “absteniéndose de argumentar públicamente en favor del eugenismo”, se procurará “buscar a los individuos genéticamente valiosos... tratando al mismo tiempo de reducir los nacimientos de quienes lo son menos”. Frederick Osborn dirá: “Cuando la planificación familiar se ha extendido a todos los miembros de la población y los medios eficaces de contracepción son fácilmente disponibles... Las parejas tendrán un número de hijos acorde con sus ingresos, es decir, acorde con el valor de su calidad social”. Friedrich Nietzsche ya concebía a “los óvulos como gérmenes de nueva sociedades y unidades”.
Peter Sloterdijk. Peter Sloterdijk (1947), filósofo y catedrático alemán que hace suyas las propuestas de filósofos Nietzsche y Heidegger, que estudió en India con el gurú Rajneesh (luego llamado Osho), que llamó “ciencia melancólica” a la Escuela de Frankfurt y que es partidario de una Europa sólida y no sometida a las derivas de las potencias exteriores, sin más es presentado como “un visionario… (el) nuevo y genial Nietzsche… la nueva estrella de la filosofía mundial, que diri ge la Universidad de Karlsruhe”. En este contexto, siendo Sloterdijk conocido por su obra: “Crítica de la razón Cínica”, texto de 1983 en el que muestra los mecanismos modernos de dominación, desde la política a la cultura, de la economía a la pedagogía, éste ha de plasmar su idea fundamental en la publicación: “Reglas para el Parque Humano”. En el marco de una era biotécnica avanzada, caracterizada por los experimentos y la manipulación genética, el documento postula una política eugenésica destinada a controlar la selección de seres humanos por vía de la cría biogenética, guiada ésta por una “voluntad de poder” capaz de superar el callejón sin salida al que ha conducido el fracaso de la reforma moral del hombre emprendida por la Ilustración.
Así entonces, habiendo presentado la versión inicial de su tesis en junio de 1997 en un encuentro sobre la actualidad del humanismo (Basilea), luego refrendada en la conferencia que dio en julio de 1999 en el marco del coloquio titulado “La filosofía en el final del siglo” (Baviera), y finalmente publicada en septiembre del mismo año, el materialista Peter Sloterdijk reclama una revisión genético-técnica de la humanidad.
Abordando el problema del humanismo bajo la forma de una respuesta a Heidegger (1946), teniendo presente las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres como si de una empresa se tratara, y sistematizando las costumbres de diversas culturas en las que se eliminan a los hijos defectuosos según criterios anatómico fisiológicos, Sloterdijk plantea que “las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia”, de modo que al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiere formular un “código antropotécnico”, dejando abierta la posibilidad a una “antropotecnología” en la que pueda cambiarse el “fatalismo del nacimiento” por un “nacimiento opcional” y una “selección prenatal”. Explícitamente Sloterdijk expresa: “Si a la larga sería posible algo así como la planificación explícita de las características para todo el género (humano) y si el nacimiento opcional (junto con la otra cara de la moneda: la selección prenatal) podría convertirse, para todo el género humano, en un hábito reproductor”.
Peter Sloterdijk se pronuncia entonces a favor de formar un “parque zoológico humano” controlado por la tecnociencia como elemento de planificación de todos los órdenes de la vida, en particular de un orden conforme a la selección de los más aptos. Abonando sus argumentos, Sloterdijk cita el caso del derecho al aborto que ya rige en Europa y en Estados Unidos.
William Gates. El abogado y filántropo William Henry Gates I participó en los congresos internacionales de eugenesia de 1921 y 1932, reunidos en Nueva York. Si bien William H. Gates actuó complementariamente en la conferencia mundial de población de 1927, cuya promotora fue Margaret Sanger (fundadora de la IPPF) y que contó con el apoyo de la Sociedad de Naciones, en 1930 éste ingresa formalmente a la Sociedad Eugenésica Americana. Como propósito declarado, las sociedades eugenésicas de Estados Unidos e Inglaterra procuraban la esterilización de los individuos de poco valor cívico o de aquellas “personas manchadas por su origen”. William Henry Gates II, hijo del anterior, directivo de Paternidad Planificada, la filial de la IPPF en EE.UU. es el padre de William (Bill) Gates, el organizador de la multinacional tecnológica “Microsoft” (junto a Paul Allen en 1975).
Entonces, con los recursos derivados del multimillonario negocio computacional, Bill Gates orienta su intervención hacia la “salud internacional” y a este efecto constituyó tanto la Fundación William H. Gates (en honor a su padre) como la Fundación Bill y Melinda Gates. Esta última Fundación define un “plan de salud global” y, para su ejecución, convierte en sus ejecutivos a Gordon Perkin, consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el área de “estrategias en reproducción humana, salud internacional y planificación familiar”, y a William Foege, ex director adjunto del Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos. Es más, el mismo Bill Gates se incorpora al directorio de la recientemente estructurada “Alianza Global para la Vacunación e Inmunización” (GAVI), organización que incluye a representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, el Banco Mundial, la Fundación Rockefeller y los laboratorios productores de vacunas.
Paul Virilo. Al transcurrir el tiempo, en un mundo que concibe “forcluido, es decir, en el encierro”, el filósofo y urbanista ácrata - deconstruccionista francés Paul Virilo (1932), uno de los líderes de la revolución de los años sesenta, postulará la “política de lo peor”. Advierte Virilo: “En el mundo transpolítico… la guerra ya no es lo que es… (Aunque) aún se pueden encontrar buenas masacres… para satisfacer nuestra cuota cotidiana de violencia. Pero, en su mayor parte, se ha desplazado del fragor de los campos de batalla para entregarse a un proceso bien delineado de preparación y organización… La “sorpresa tecnológica”… ha engendrado una economía de guerra que prolonga la guerra por otros medios tanto en tiempos de guerra como en época de paz… La guerra ya no se encuentra en la guerra misma… sino enclaustrada en los laboratorios respetables y en las agencias de investigación bien financiadas”.
Recordando que fue Einstein quien distinguió entre la bomba atómica, la bomba informática y la “bomba genética”, Paul Virilo entiende que la humanidad enfrenta “el fin del hombre como fuerza de trabajo, en provecho de la máquina… el fin del hombre como productor, el fin del hombre como progenitor, (pues) vamos hacia el engeneering, los bebés de probeta, el tráfico de esperma… los clones… Después de la revolución de los transportes y la revolución de las transmisiones, ahora, en el siglo XXI, comienza la revolución de los trasplantes intraorgánicos…”. Según Virilo, todo esto sujeto a “la idea de una eugenesia para crear hombres y mujeres de mayor rendimiento”, razón por la cual “la genética está en vías de convertirse en uno de los pilares de las grandes firmas multinacionales y biotecnológicas”. En definitiva, se trata de la “génesis de la industrialización del organismo viviente, la industrialización de la especie misma”. Es la eventualidad del “superracismo”, ya que hasta el racista, al afirmar la existencia de razas superiores e inferiores, aún a estas últimas las reconoce humanas.
Estima Virilo: “Creo que (el doctor) Mengele (campos de concentración nazi) es un personaje que los grandes laboratorios farmacéuticos quisieron ocultar porque lo habían patrocinado… Dejamos muy atrás la biología para adentrarnos en el reino de la teratología, es decir: la creación de monstruos… Todo lo que está pasando ahora en genética tiene una única referencia: la eugenesia”. Aprecia además Virilo: “Para la biogenética el asunto va a ser pasar a una eugenesia total, a una eugenesia absoluta, una eugenesia del perfeccionamiento… Apunta a crear un hombre nuevo”. Finalmente sentencia el deconstruccionista Paul Virilo: “Nosotros… que somos útero, nacimos de la suciedad del semen y de la secreción vaginal. ¡Qué horror! Somos sucios… Es el fin del hombre. El fin de la humanidad. Estamos ante una época apocalíptica”.
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