Formación Católica Mundialismo El Feminismo, Muerte de las Naciones - Página 3
El Feminismo, Muerte de las Naciones - Página 3 Imprimir E-mail
Domingo, 23 de Noviembre de 2008 13:39

La decadencia militar de occidente

Pero ¿no parece enorme, imbatible, la fuerza militar de Occidente (es decir, de América). Monseñor Williamson invita a no fiarse de las apariencias, sobre todo si los medios de comunicación de masas las difunden con sospechosa unanimidad. No es que dichos medios mientan necesariamente. El caso es que poco sabemos de la renovación militar rusa y china, que está en curso desde hace tiempo. Creo que es una profecía fácil afirmar que el ataque bien planificado de un ejército ruso renovado arrollaría en poco tiempo a las fuerzas de la OTAN en Europa sin necesidad de recurrir a las armas atómicas y/o a improbables quintas columnas de simpatizantes veterocomunistas. También las fuerzas armadas occidentales son expresión de nuestra sociedad, que está echada a perder irreversiblemente, en lo moral, desde hace decenios, y en donde nadie tiene realmente ganas de batirse. Hace poco, un historiador militar israelí, Mertin van Creveld, uno de los más reputados del sector, se paró a estudiar el factor mujer de nuestra decadencia militar. La introducción masiva de las mujeres en los ejércitos occidentales (excepción hecha del turco), en los escuadrones de combate inclusive, una introducción, recuerdo, no impuesta por los Estados Mayores (todo lo contrario), sino por sentencias increíbles de los diferentes tribunales supremos y constitucionales, ha tenido efectos deletéreos en la organización, la disciplina, la moral de combate, el adiestramiento (y, añado yo, la ética).

Las mujeres no se integran en los ejércitos, su presencia no cesa de crear problemas (desde las preñeces ilegítimas a las molestias sexuales, pasando por la injusta queja de estar "discriminadas"). Como mínimo, hay que separarlas de los hombres en los cuarteles, lo que entraña un incremento inútil de los gastos al paso que una bajada de los niveles de preparación. La guerra no está hecha para ellas: la historia lo ha demostrado ampliamente. Consideraciones exactísimas, que se agravan, añado yo por mi parte, si se piensa en que en dichos ejércitos hace tiempo que se da el problema de los homosexuales, aunque en algunos de ellos, como el norteamericano, no pueden declararse como tales (todavía), so pena de expulsión. Pero ¿hasta cuándo? En el ejército británico hay ya soldadas lesbianas que viven sin tapujos en "unión civil", "como casadas", y son objeto de admiración para toda la prensa que lo cuenta. Lindo, ¿no? (Pero ¿hemos de conformarnos nosotros, en Occidente, con desaparecer en esta ciénaga, sin reaccionar?). Los problemas principales de los ejércitos occidentales parecen concernir hoy no tanto al adiestramiento y al armamento (ambos en declive a causa de los recortes continuos del gasto) cuanto a la disciplina, o sea, sobre todo al modo de respetar "los derechos" de las mujeres y los homosexuales en filas. Todos o casi todos los ejércitos son ya profesionales, pero el reclutamiento de los varones es deficitario debido a la disminución de los nacimientos.

Por eso se abren aún más las puertas al enrolamiento femenino, que ya oscila, como media, en torno al 15% de las fuerzas armadas. Un porcentaje bastante alto. En consecuencia, se ha bajado en ciertos ejércitos a 1 '57 m. el límite mínimo de altura requerido: ¡un aflujo de soldadas enanas es precisamente lo que hace falta para revitalizar la institución militar! Mas también aquí hay poco motivo de risa. Faltan hombres para nuestros ejércitos, pero en su lugar se presentan las mujeres que deberían parirlos, y dentro de poco ni siquiera serán ya las mujeres las que se presenten, no habrá nadie: el desierto, con los bárbaros perfilándose en el horizonte, como justo castigo de nuestros pecados. Los rusos o los chinos, o algún otro en su lugar, no necesitarán apresurarse: sólo tendrán que esperar a que el feminismo y la homosexualidad, así como el generalizado espíritu imbele y decadente, hayan enervado por completo los ejércitos y las sociedades de Occidente. Después de lo cual el invadirnos será tan sólo un paseo.

Predomina por todas partes un mortífero espíritu particularista

Las predicciones de Monseñor Williamson, que se basan en la teología veterotestamentaria de la historia, pueden parecer sinceras hasta la brutalidad. A mí me parecen más que dignas de reflexión. En efecto, lo que preocupa en el Occidente actual es el desmoronamiento interno, cuya causa profunda estriba ni más ni menos que en la irreligiosidad, que se difunde cada vez más, que se apoya cada día más en un ateísmo militante. Y agrego que además del enemigo externo está también el interno: todas las fuerzas (políticas y no políticas) de la disolución organizada, que detentan todo tipo de poder y echan mano de las más variopintas minorías y diversidades, por decirlo así, para conservarlo. Pero se puede hacer siempre frente al enemigo, por numeroso e insidioso que sea, si hay unidad de intenciones, si se tiene fe en una religión, una patria común, una nación, un pueblo, un Estado. En Occidente, en cambio, particularmente en Europa, predomina un espíritu de disolución que se extiende a todo y que se inició hace unos cuarenta años con la crisis moral de la jerarquía católica, fruto del Vaticano II. Así están las cosas: disolución de la fe y de la cosa pública, de las naciones y de los Estados en nombre de un individualismo desenfrenado que todo lo invade. Y este individualismo constituye asimismo la verdadera raíz de las autonomías indebidas, de los regionalismos miopes, de los secesionismos suicidas, auténticos estafadores desde el punto de vista de la Historia, que, en el plano institucional y en el de las costumbres, afligen de manera cada vez más grave a varias naciones europeas, la nuestra inclusive. Les doy las gracias por su atención.

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