| La Sociedad Teosófica y sus Tentáculos |
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| Lunes, 04 de Febrero de 2008 04:41 |
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Página 1 de 2 Tomado de Los Signos del Anticristo de Ricardo de la Cierva. LAS AVENTURAS OCULTISTAS DE HELENA PETROVNA BLAVATSKY En una gama lo suficientemente amplia y compleja de lecturas, como por obligación y por devoción se le impone diariamente al autor de este libro, ocurren de vez en cuando divinas sorpresas que compensan todos los esfuerzos y rigores del método. No hace mucho me ensimismaba en una de las novelas más apasionantes de cuantas he leÃdo en mi vida, El club de los Siete, de Mark Frost, espléndido co-guionista de la inquietante serie de TV Twin Peaks. El protagonista, que es el joven Arthut Conan Doyle mucho antes de la creación de Sherlock Holmes, es objeto de una misteriosa y sádica persecución a través de Londres y algunas poblaciones vecinas, en el curso de la cual se le revela el misario del duque de Clarence, el desdichado prÃncipe real que se casó por amor con una criada católica, cayó por ello en una implacable trama masónica en la que según parece estaba implicado el mismÃsimo Jack el Destripador; pero cuando aún no hemos llegado a las esotéricas escenas finales de la obra, que se crea con abundancia de ingredientes históricos, el doctor Doyle se refugia, en tasca de orientación, en el despacho de un veterano maestro de la Universidad de Cambridge donde le sorprende la aparición de una figura misteriosa que resulta ser la enviada de la mismÃsima Helena Petrovna Blavatsky, fundadora, ya en la vida real, de la Sociedad Teosófica y precursora de la más famosa secta gnóstica de nuestro tiempo: la Nueva Era de Acuario, la New Age, de la que se ha ocupado detenidamente, en el más personal de sus libros, nada menos que el Papa Juan Pablo II. Helena Blavatsky, la Sociedad Teosófica y el movimiento New Age, lo mismo que el santo pontÃfice polaco que ha reorientado y seguramente salvado a la Iglesia del siglo XX, ofrecen una importante y variada relación de múltiple signo con la MasonerÃa, como comprobará el lector si tiene la amabilidad de seguirme hasta el final del presente libro. Helena Petrovna Blavatsky, que para sus adictos sigue siendo una leyenda viva y capaz de influir en el destino de la Humanidad, fue sin duda, una mujer extraordinaria en varios sentidos. Nació en Ucrania el año 1831 y murió, sola y abandonada, en Londres el año 1891. Se casó a los 17 años, para cumplir una apuesta, con el anciano general Blavatsky, de quien se divorció apenas pasaron tres meses, pero conservó su nombre; tomo los datos sobre la vida y la obra de HPB (como la conocÃan sus adeptos en vida) del insuperable Diccionario de las Sectas del profesor Manuel Guerra, guÃa muy segura para estos recovecos esotéricos que, pese a su carácter estrambótico, pueden resultar muy influyentes y peligrosos; HPB es sin duda la reina del ocultismo y el esoterismo en nuestro tiempo. Después de su divorcio se casó varias veces. Visitó numerosos paÃses (los Balcanes, Egipto, Grecia, Inglaterra, USA), pero se inventó sus peregrinaciones a otros, por ejemplo el TÃbet. Consagró su vida al esoterismo y todas las formas del ocultismo, guiada exclusivamente por sus abundantes lecturas y sus presuntas inspiraciones e impulsos interiores. Se estableció en la India, actuó como médium y se declaró elegida como intermediaria entre la Humanidad desorientada y los «Mahatmas», maestros extraordinarios con sede en el TÃbet que la incorporaron a su cadena de la sabidurÃa secreta. Estudió la Biblia al margen de las iglesias cristianas. Odiaba vesánicamente a la Iglesia católica y especialmente al Papa de Roma, hasta el punto que se alistó, disfrazada de soldado, en las tropas de Garibaldi con las que cayó herida casi mortalmente en la batalla de Mentana. En 1884 se descubrieron algunos de sus fraudes y trampas espiritistas, realizados con burdos artilugios, pero gracias a su capacidad de seducción consiguió sobrevivir al ridÃculo. Junto con su compañero E. Steele Olcott se incorporó a la Hermandad Hermética de Luxor, un centro gnóstico donde estudió a fondo la Cabala, el ocultismo y el espiritismo que le llevó a fundar en Nueva York el 20 de octubre de 1875 la sociedad Investigación espiritualista que un mes más tarde se denominó definitivamente Sociedad Teosófica Internacional, que hoy existe con presencia en todo el mundo. Tanto ella como Olcott estaban vinculados a la MasonerÃa en altos grados, notable excepción para el antifeminista siglo XIX. Para desviar la atención de los fraudes en que fue sorprendida fundó la Logia de HPB, consagrada al esoterismo. Se autodesignó Princesa Coronada, grado máximo de la MasonerÃa de adopción en el rito de Menfis y Mizraim. Junto con Olcott se identificó institucionalmente con la MasonerÃa que consideraba muy vinculada a la Sociedad Teosófica por motivos mistéricos, rituales y anticatólicos. Practicó también el satanismo que le llevó a fundar la revista Lucifer. Es reconocida como precursora de la Internacional Socialista y de la secta New Age, aunque según ella debÃa permanecer en hibernación hasta que apareciese ante los hombres uno de los Grandes Maestros, con cuya cadena ella mantenÃa relaciones profundas, ya veremos de quién se trata.
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