| La Tierra Plana y la Guerra entre Religión y Ciencia |
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| Sábado, 31 de Enero de 2009 14:19 |
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Página 1 de 4 Extracto del libro La idea de que la gente culta creyó durante siglos que la Tierra era plana es algo legendario en los anales de la ciencia. La leyenda sigue viva, si bien ahora de una forma nueva y diferente. Una persona que crea que la Tierra es plana es alguien que sigue encadenado a una teorÃa que es indiscutiblemente falsa. Si usted navega demasiado lejos por el océano, corre el riesgo de caer al abismo. Nadie cree en eso hoy dÃa; sin embargo, hay personas a las que se las denomina «los de la Tierra plana». Es un término de burla y una acusación ad hóminen que se dirige contra alguien que no admite dudas sobre una determinada teorÃa cientÃfica —a menudo, una teorÃa nueva— que puede ser objeto de duda. Tradicionalmente, el hecho de dudar de las nuevas teorÃas, en especial de aquellas que se han visto promovidas por razones polÃticas, ha sido una parte esencial del quehacer cientÃfico. Hoy en dÃa, siempre que se aplique el marchamo de «creyente en la Tierra plana», puede estar usted seguro de que se trata de alguna afirmación politizada que se disfraza de verdad cientÃfica. De hecho, el epÃteto suele aplicarse al creciente número de personas que cuestionan la evolución. Es algo muy apropiado, ya que fue precisamente en ese contexto en el que se generalizó el mito por primera vez. Constituyó una especie de primer tiro de advertencia en las guerras evolucionistas. El mito de la Tierra plana se utiliza frecuentemente para implicar que tal conocimiento, que en la era precristiana era toda una seguridad, se pierde en la «Edad de las Tinieblas». Según esa equivocada lectura de la historia, el verdadero saber solamente puede remontarse hasta la «Época de las Luces», cuando la superstición —palabra que normalmente tratan de hacer equivalente a religión— empezó a declinar. La ciencia, opuesta y doblegada durante siglos por su veterana enemiga, la religión, pudo finalmente liberarse de su yugo. El mito de la Tierra plana se ciñe muy bien a un aspecto del tema, de mayor envergadura, que se refiere a la guerra que la religión mantuvo con la ciencia. Y tal cosa es, también, un mito. Quizás el defensor más eminente de la idea de que el saber cientÃfico estuvo eclipsado durante un milenio ha sido Daniel Boorstin. En su best seller: The Discoverers (Los descubridores), publicado en 1983, escribÃa: «Un fenómeno europeo de amnesia académica [...] afligió al continente desde el año 300 hasta, como mÃnimo, el 1300. Durante estos siglos, la religión y el dogma cristianos suprimieron la imagen del mundo que habÃa sido tan trabajosa, penosa y escrupulosamente establecida por los antiguos geógrafos». Él llama a este periodo, la «Gran Interrupción». Sólo hay un problema. Eso es un mito. Pero es algo que todavÃa se sigue enseñando en los institutos y en las facultades. «¿Cómo podrÃa haberse tramado una historia mejor en beneficio del ejército de la ciencia?», dijo Stephen Jay Gould al explicar la forma en que habÃa sido explotado el mito de la Tierra plana. Supuestamente, nuestros antepasados «vivÃan en la angustia, constreñidos por la irracionalidad oficial, temerosos de que cualquier desafÃo pudiera llevarles a la condenación eterna». Pero ese cuento es «totalmente falso», añade Gould, «porque pocos estudiosos medievales dudaron de la esfericidad de la Tierra». El hombre que más eficazmente expuso el mito, al que llamó el «Error Llano », fue Jeffrey Burton Rusell, un profesor emérito de Historia de la Universidad de California. Su libro, Inventing the Fiat Earth, publicado en 1991, contribuyó a corregir la falsedad. Russell resume del siguiente modo las ideas de aquellos tiempos remotos: Durante los primeros quince siglos de la era cristiana [solamente] cinco autores parecen haber negado la esfericidad de la Tierra, y unos cuantos más se mostraron ambiguos y poco interesados en el tema. Pero casi toda la opinión académica afirmaba la esfericidad de la Tierra, y en el siglo XV habÃan desaparecido todas las dudas al respecto. No existió, por tanto, la llamada «gran interrupción» en esa época. Anteriormente,
C. S. Lewis, especialista en literatura del Renacimiento, además de ser un
divulgador de la teologÃa cristiana, escribió que «considerada fÃsicamente, la
Tierra es un globo; todos los autores de la alta Edad Media estaban de acuerdo
en esto... Las implicaciones de una Tierra esférica estaban completamente
aceptadas». Durante las edades Antigua y Media del cristianismo, las mentes más
preclaras de aquellos tiempos, como San AgustÃn, Beda el Venerable, Santo Tomás
de Aquino, Roger Bacon y Dante ratificaron la idea de una Tierra esférica. Y lo
mismo pensaron «los más grandes cientÃficos de los últimos tiempos medievales»,
como los califica Gould: Jean Buridan (1300-1358) y Nicolás Oresme (1320-
1382). ¿Cómo es posible que un error de semejante calibre pudiera surgir y
convertirse en parte de nuestro bagaje cultural? Cuando Rusell empezó a
examinar la cuestión se convenció de que encontrarÃa la misma idea si se
remontaba a siglos pasados. Pero se quedó sorprendido al hallar que incluso los
filósofos del Siglo de las Luces francés, con su pensamiento tan fuertemente
anticristiano, apenas habÃan escrito una palabra sobre la materia. Gould acepta
que «ninguno de los grandes pensadores racionalistas y anticlericales —como
Condillac, Condorcet, Diderot, Gibbon, Hume y nuestro propio BenjamÃn Franklin—
acusaron a los escolásticos de creer en una Tierra plana». El promotor más
antiguo del mito parece haber sido Washington Irving, el creador de Rip Van
Winkle. En 1828, Irving escribió una obra claramente de ficción: Historia de
la vida y viajes de Cristóbal Colón, en la que creaba una confrontación
fantasiosa en la Universidad de Salamanca, en el año 1491. Colón, según lo
describÃa en el libro, aparecÃa «como un simple marinero dignamente erguido en
medio de aquella reunión de profesores, frailes y dignatarios de la Iglesia,
que mantenÃa su teorÃa (de la Tierra esférica) con una elocuencia natural,
abogando por la causa del Nuevo Mundo»5. Posteriormente, el historiador Samuel
Eliot Morrison calificó el relato de Irving como «pura fantasÃa». Se trataba, a
su juicio, de «una tonterÃa equivocada y maliciosa». Colón desempeñó un papel
importante en el mito de la Tierra plana. No sólo descubrió América sino que
(supuestamente) asombró a sus contemporáneos demostrando que la Tierra era
redonda. «Se trata, sin lugar a dudas, de una ilusión reservada exclusivamente
a los incultos», escribe Russell. En el siglo XIX, Cristóbal Colón se habÃa
transformado en un racionalista arriesgado que se sobreponÃa a la ignorancia de
los eclesiásticos y a la superstición de los marinos. Se trataba de un retrato
sin base alguna. Según escribe Russell «era más una combinación de entusiasta
religioso y empresario audaz, que un verdadero racionalista». |
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