| La Legitimación de la Sodomia |
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| Jueves, 22 de Mayo de 2008 18:40 |
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Página 1 de 5 Revista Sà Sà No No La humanidad conocÃa el pecado de sodomÃa desde los tiempos del santo patriarca Abrahán. Dicho pecado provocaba la justa ira de Dios -«propter quod ira Dei venit in filios diffidentiae» [«por el cual cayó la ira de Dios sobre quienes le desafiaban»] (enPrae-cepta antiquae diócesis rotomagensis [Cartas pastorales de la antigua diócesis de Rouen]), destructora de las ciudades corrompidas (Gn 18,16-33; 19,1-29). No le corresponde, pues, a la modernidad la triste gloria de haber alumbrado el pecado inmundo; pero, en cambio, es propia de nuestra época la negación más radical que darse pueda de la ley natural, una negación que llega hasta a hacer caso omiso de la perversión homosexual. A partir de las denominadas "luchas por los derechos civiles de los homosexuales", que se entrelazaban miserablemente con la revolución sexual, todo Occidente se fue convenciendo, poco a poco, de la naturaleza anodina de las relaciones sexuales; de ahà que éstas se reduzcan, en su opinión, nada más que a una cuestión de gustos incensurables, que se pueden satisfacer libremente en la más absoluta negación de toda naturaleza y/o finalidad de la sexualidad. Si a tal convencimiento pseudomoral, que arraiga y prospera en el terreno abonado del convencionalismo ético-jurÃdico de Occidente, se le suma el ideal romántico del sentimiento irracional del amor (pasión erótica) en tanto que valor absoluto en sà y justificación de cualquier acto (es la interpretación romántico-vitalista del agustiniano «ama et fac quod vis» [«ama y haz lo que quieras»], «V error de'ciechi che si fanno duci» [«el error de los ciegos que se hacen guÃas de los demás»] cuando dicen «ciascun amor in sé laudabil cosa» [«todo amor es laudable en sû]: Purgatorio XVIII, vv. 18 y 36), es fácil comprender la exaltación actual de la homosexualidad en tanto que forma de amor lÃcita y, por ende, con derecho a reivindicar del Esta do un reconocimiento legal que la equipare, en todos los aspectos, con la heterosexualidad. La superación de los sexos en el concepto artificioso de "género", asà como la equiparación de la homosexualidad con la heterosexualidad, se hallaban ya presentes, implÃcitamente, en la filosofÃa moderna y en el derecho liberal, aunque no han llegado a realizarse por completo hasta nuestros dÃas. Una vez dicho esto, que era necesario para atribuir a los hechos contingentes su justo peso respecto de las ideologÃas en que se fundamentan, mucho más radicales, no podemos pasar en silencio el hecho de que Occidente presenta hoy, en la mejor de las hipótesis, legislaciones neutrales respecto de los actos homosexuales, a los que se acepta ya como lÃcitos y respetables. La denominada "cuestión antropológica" es mucho más antigua, ciertamente, y hunde sus raÃces en la modernidad (antes aún, a decir verdad: en algunas antiguas herejÃas). Las raÃces de los errores son viejas, pero su floración es relativamente reciente. El paradigma antropológico, que rige la legitimación de la homosexualidad hasta en sus más recientes aberraciones jurÃdicas, morales y religiosas, si bien es unitario en sÃ, presenta, con todo, una dicotomÃa genealógica en dos troncos paralelos y autotélicos (Reforma Protestante y Revolución Francesa), cuya raÃz común puede rastrearse hasta dar con ella en la gnosis; es decir: tiene por autor, en último análisis, al propio Lucifer. Los frutos venenosos del protestantismo liberal y del radicalismo libertario muestran tocante a la sodomÃa, asà como respecto a otras cosas, una unidad esencial. Ésta es, pues, la dramática actualidad: por un lado, el Estado que subvierte la institución matrimonial después de rechazar la lex naturalis y la doctrina moral (Zapatero es la bandera de muchas otras autoridades civiles), y, por el otro, los cristianos que pretenden legitimar los actos homosexuales, o, peor todavÃa, adecuar el sacramento del matrimonio a las escandalosas legislaciones civiles. Si la Comunión Anglicana está a pique de sufrir un cisma que revela toda la oposición a la verdad cristiana que la caracteriza intrÃnsecamente, tampoco el mundo católico se libra de sufrir las sacudidas de múltiples infecciones: la heterodoxia moral de no pocos clérigos y teólogos, los sacrilegios y los graves abusos de algunos curas (p. ej., las "bodas" celebradas por Franco Barbero entre homsexuales y transexuales), el relativismo moral de muchos fieles, la arrogante rebelión de las autoridades civiles contra el magisterio moral de la Iglesia, etc. Nos vemos constreñidos a constatar con dolor que, una vez más, los errores que brotan en el terreno del protestantismo secularizado (baste pensar en la obra diabólica del Lesbian and gay Christian movement) se difunden entre los católicos e infectan a la Iglesia con herejÃas actuales o potenciales. Hace ya años que trastornan a ésta las presiones de lobbies deseosos de alcanzar la aprobación moral de la homosexualidad, unas presiones que no es raro sean secundadas por realidades eclesiales y también, desgraciadamente, por algunos sacerdotes, o, mejor dicho, por sacerdotes de Cristo que identifican la condena de la homosexualidad con una forma de racismo y afirman la licitud y bondad moral de dicha perversión, al paso que denuncian la reprobación de la misma como traición al amor evangélico (cf., p. ej., Le moni delvasaio. Unfiglio omosessuale chefare? [Las manos del alfarero. ¿Qué hacer con un hijo homosexual?], del cura Domenico Pezzini); de ahà que no deba extrañar ni el desorden moral que reina entre los fieles, ni el de las legislaciones secularistas que estragan a las naciones cristianas (más grave y radical aún que el anterior). ¿La sodomÃa es una patologÃa? La sodomÃa, entendida como «atracción sexual, exclusiva o preponderante, hacia personas del mismo sexo» (CCC, 2357), es una inclinación objetivamente desordenada en cuanto contraria a la naturaleza humana (CCC, 2358). ¿Se configura como una patologÃa tal desorden sexual? Si se atiende al significado general del término, sÃ. En efecto: enfermedad es toda merma o aberración de las condiciones psicofÃsicas normales de un individuo (lo normal viene determinado por la naturaleza especÃfica). Pero si se quiere, por el contrario, penetrar en el ámbito de la especialización, se deberÃa hablar de patologÃas en plural, pues el mismo desorden podrÃa ser consecuencia de males fÃsicos, perturbaciones psÃquicas, alteraciones genéticas, etc. Dejemos a la ciencia médica, practicada honestamente, la indagación etiológica y patogénica de la sodomÃa. Ya fuera ésta causada por factores fisiológicos, psicológicos o por el concurso de ambos, a la homosexualidad la calificaban unánimemente de patologÃa tanto la neuropsiquiatrÃa cuanto la psicologÃa clÃnica, sin olvidar al mismo psicoanálisis, antes de que el dogma de la bondad natural de aquélla impusiera el reconocimiento de su normalidad. AsÃ, p. ej., la Organización Mundial de la Salud contaba a la homosexualidad, hasta el 17 de mayo de 1990, entre las patologÃas psiquiátricas; sólo la presión de los lobbies pro-gay [los grupos de presión prosodomitas], no nuevos conocimientos cientÃficos, impuso que se la excluyera de las mismas.
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