| Vivir sin Comprometerse |
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| Viernes, 04 de Enero de 2008 15:17 |
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Página 1 de 2 UNA ENFERMEDAD DEL JOVEN DE HOY: Los padres de familia se inquietan muy a menudo y con razón, respecto del futuro de sus hijos. Bien sabemos que la educación forma parte del fin primario del matrimonio y que la obra de la educación es una tarea larga y difícil. ¡Nada nuevo bajo el sol! Lo que sí es nuevo, es una enfermedad que se está presentando entre los jóvenes cada vez con mayor frecuencia. La enfermedad consiste en la dificultad para comprometerse, ya sea en el estado conyugal, ya sea en la vida consagrada. Dicho padecimiento se manifiesta por una serie de síntomas o signos. ¿CUALES SON ESOS SÍNTOMAS? Otro síntoma es su debilidad ante las dificultades, una debilidad que está en ellos mismos. Cuando se casan, a la primera dificultad en la vida conyugal, a la primera ocasión en que uno de los dos tiene que renunciar a su capricho en aras del bien común, mejor deciden separarse y volver a la vida libre y sin compromisos de los solteros. La falta de madurez, la dificultad para tomar un compromiso definitivo y la debilidad frente a las incógnitas de la vida futura se manifiestan también en el ámbito de la vida consagrada. Un sacerdote dedicado a la obra de las escuelas católicas, decía, que hoy en día eran raros los casos de estudiantes de bachillerato que entraban en el seminario saliendo de la Preparatoria. De algunos se podía suponer que tenían vocación sacerdotal y sin embargo, no se les mandaba en seguida al seminario porque sucumbirían en pocos meses. Mejor se les aconsejaba estudiar en una buena universidad y dedicarse un poco al apostolado entre la juventud para entrar tres o cuatro años después, con mayor madurez, con más convicción, con un equilibrio psicológico más estable. LAS CAUSAS Lo que sí ha cambiado en la vida de la juventud actual es el alejamiento, cada día más grande, de una vida sana y conforme al orden natural. El subjetivismo que invade las mentes, desde Descartes y todos sus herederos (los idealistas y los sensualistas) desarrolla cada día más lejos y más profundo sus consecuencias. El hombre se vuelve el centro y la medida de todo. Todo lo que pasa, todas las decisiones que hay que tomar, todos los acontecimientos se miden siempre en relación con las consecuencias para el sujeto. De ahí que a la primera contradicción, a la primera resistencia de la realidad a nuestro capricho, al primer sacrificio del bien propio en pro del bien común, el joven de hoy se desanima, se descompone y abandona lo que estaba haciendo. Asumir el compromiso del matrimonio o el de la vida consagrada es responsabilizarse ante Dios, ante la Iglesia y ante los demás. Emprender una vida común, sea en la vida conyugal o en la vida consagrada, significa someterse a un superior, a un orden, a la primacía del bien común. Pero si el hombre es centro y medida de todo, entonces cada decisión del superior será analizada según los gustos del sujeto, la ordenación de la persona al bien común será cumplida únicamente si le cae bien al sujeto, etc. Lo cual vuelve imposible toda vida en común. Existe un círculo vicioso, pues: o priva la realidad exterior, la verdad objetiva y el bien común, o reina el hombre con su subjetividad. Por otra parte, hay que mencionar también los estragos que causa la vida relativamente fácil y cómoda de la gente de hoy, especialmente la juventud que no ha conocido otra cosa. Se trata de esas generaciones que no han conocido la guerra, que han recibido sin mayor esfuerzo comida, vestido, alojamiento, educación, diversiones. Todo se nos debe, pues todo es fácil y está a nuestro alcance. Hemos perdido la costumbre de vivir en la austeridad, de ahorrar, de vivir con poco, de contentarnos con lo que tenemos y debemos a la bondad de Dios Tomemos un ejemplo de la vida cotidiana. Cuántas veces se cambia un aparato electrodoméstico, no porque dejó de funcionar, sino porque ya no nos gusta su color o su forma, o porque salieron modelos más modernos! Como tenemos el dinero para poder comprar un aparato nuevo, no nos da pena tirar a la basura algo que todavía sirve pero que pasó un poco de moda. Otro ejemplo: la mala costumbre de tirar la comida. Antes de guisar otra cosa, hay que terminar los restos. Dios no bendice a los que malgastan los bienes y talentos que Él nos regala en su bondad. Y el hábito de no volver a servir dos veces lo mismo es una mala costumbre, si al final se tira la comida no consumida a la basura.
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